Inútil.
Incapaz.
Pesada.
Y es sobre todo esa sensación de decepción,
no con nadie,
sino conmigo misma.
¿Qué hago?
No quiero.
Siento que no puedo.
La impotencia es asfixiante.
No quiero ir.
Sólo quiero dormir
y que cuando despierte todo haya acabado.
Odio que el esfuerzo so signifique nada,
no sirva para nada.
No soporto estas lágrimas cayendo desde mis ojos,
deslizándose por mis mejillas.
Impotencia.
lunes, 6 de septiembre de 2010
sábado, 4 de septiembre de 2010
Nada.

¡Qué asco de nada!
¡Qué nada más absoluta!
¡Tan inquietante nada!
¡No sentir nada de nada!
Todo es nada, así, tan fácilmente.
¿Por qué?
Por nada.
Me siento desorientada, perdida, loca.
Entre la nada.
Nada.
Vago entre mis sombras.
Soy incapaz de afrontarlas.
Y otra vez la nada.
Nada
Las dejo vagamente que me ahoguen.
Nada importa.
Nada.
Una vez más, me dejo llevar.
Que me acunen en sus incorpóreos brazos.
Total, nada importa ya.
Nada.
Tan poco importa, que ni duele.
No siento nada.
Nada.
La nada de las nadas me acompaña hoy.
Y no se va.
Y me coge de la mano.
Nada.
Y me lleva a otra nada aún más oscura, tenebrosa y desesperante.
Oh, sí. Desesperante nada.
Todo fue una mentira.
Y todo fue nada.
Nada.
La mentira es la nada.
Nada.
Angustiante, perversa nada.
No hacer nada bien.
Nada.
Y darlo todo… por nada.
Nada.
Nada es perfecto.
Nada es nada.
Todo es nada.
¿Qué es la nada?
Déjame, terrible nada.
Porque me ahogas aún más.
Sin ninguna piedad.
Ninguna.
Nada.
Inventé una nada.
Para nada.
No sirvió de nada.
Y volví a caer para nada.
Nada.
Nunca consigo nada.
Nada.
Y ahora duele verme una vez más sumida en mi oscura nada.
Para nada.
Nada.
¡Qué asco de nada!
¡Qué nada más absoluta!
¡Tan inquietante nada!
¡No sentir nada de nada!
Todo ahora ya es nada.
jueves, 2 de septiembre de 2010
Metamorfosis.
Caminaba sola por la arena, sintiendo cómo la arena acariciaba dulcemente sus pies desnudos. Miró al mar, al infinito mar, y descubrió en él una oscuridad tan penetrante, tan asfixiante, que no pudo evitar observarlo con pena. Tan enorme, tan inabarcable, tan incomprensible para un ser humano.
A pesar de que la Luna bañaba toda la playa y la acompañaba como fiel amiga y compañera, se sintió de repente muy sola y muy pequeña.
Se sentó sobre la arena, cerró los ojos e inspiró la suave brisa marina que azotaba sus largos cabellos al viento. Era como respirar paz. Allí, sola, se sentía a salvo, completamente a salvo de todo.
Allá a lo lejos se veía a una pareja caminando por la orilla, reglándose mutuos gestos de cariño, disfrutando. Y ella no pudo evitar sentirse aún más sola, y también desdichada. Envidiaba a aquella gente que era capaz de compartir, de dar sin esperar recibir. Aquellas personas que con una simple mirada se lo decían todo, sin necesidad de palabras que enturbiaran aquellos mágicos momentos.
¡Loca juventud! ¡Sinfín de posibilidades! ¡Dulces besos robados! ¡Cálidos suspiros tras hacer el amor!
La mujer cerró los ojos, sonriendo, y sacudió la cabeza, notando sus cabellos plateados ondeando sobre su cara.
Nadie merecía envejecer tan rápido, sin haber encontrado a aquella persona que la compenetrase de esa manera.
Los envidiaba, sí, pues no sabían lo que tenían. Quizás algún día lo perdieran y entonces, sólo entonces, lograrían valorarlo.
Se levantó lentamente, echó un último vistazo al inmenso mar y, sin más, se alejó de la orilla, caminando despacio, dejando que la brisa acariciase aquella triste, vieja y gris melena.
Para ella, nada volvería a ser como antes. Y no sabía si eso era algo bueno o malo.
Simplemente, su rumbo había cambiado y ahora debería volver a encontrar el camino.
A pesar de que la Luna bañaba toda la playa y la acompañaba como fiel amiga y compañera, se sintió de repente muy sola y muy pequeña.
Se sentó sobre la arena, cerró los ojos e inspiró la suave brisa marina que azotaba sus largos cabellos al viento. Era como respirar paz. Allí, sola, se sentía a salvo, completamente a salvo de todo.
Allá a lo lejos se veía a una pareja caminando por la orilla, reglándose mutuos gestos de cariño, disfrutando. Y ella no pudo evitar sentirse aún más sola, y también desdichada. Envidiaba a aquella gente que era capaz de compartir, de dar sin esperar recibir. Aquellas personas que con una simple mirada se lo decían todo, sin necesidad de palabras que enturbiaran aquellos mágicos momentos.
¡Loca juventud! ¡Sinfín de posibilidades! ¡Dulces besos robados! ¡Cálidos suspiros tras hacer el amor!
La mujer cerró los ojos, sonriendo, y sacudió la cabeza, notando sus cabellos plateados ondeando sobre su cara.
Nadie merecía envejecer tan rápido, sin haber encontrado a aquella persona que la compenetrase de esa manera.
Los envidiaba, sí, pues no sabían lo que tenían. Quizás algún día lo perdieran y entonces, sólo entonces, lograrían valorarlo.
Se levantó lentamente, echó un último vistazo al inmenso mar y, sin más, se alejó de la orilla, caminando despacio, dejando que la brisa acariciase aquella triste, vieja y gris melena.
Para ella, nada volvería a ser como antes. Y no sabía si eso era algo bueno o malo.
Simplemente, su rumbo había cambiado y ahora debería volver a encontrar el camino.
jueves, 26 de agosto de 2010
Renazco.
Y sobreviví, sorprendentemente.
Tomé aire, que inundó mis pulmones. Respiré hondo y miré hacia adelante.
Pues sí. Nunca tuvo que elegir. Siempre fuiste tú. Muy bien, ¿qué quieres que te diga? Me doy por vencida, pero me consuelo pensando que será feliz contigo. Así es como debe ser. Supongo que tú estarás contenta. Es normal. Ahora caminad adelante, juntos, de la mano. Olvidadme.
Aquí estoy ya, alejada de todo. Guiándome una vez más por aquello que debo hacer. Forzándome a aceptar, a asumir, que esto ya (según parece) no tiene solución. Intentando dejar de pensar ya en esto, porque es un despropósito, una pérdida de tiempo. Todo tiene un final y, aunque me duela aceptar que algo tan genial haya durado tan poco, lo asumo con la cabeza alta y una sonrisa. Aunque sea una sonrisa triste. Es una sonrisa, al fin y al cabo.
Él no es un trofeo. Ni tú ni yo tampoco. Así que tranquila, siempre fue mi mejor amigo y nada más. Al menos, nada más que tú puedas llegar a entender por completo, porque cada persona es un mundo y tú nunca entenderás mi forma de sentir. En realidad él fue lo que fue con mayor intensidad el año pasado. Y tranquila también por el aspecto de que llevásemos más tiempo estando así, sólo fue un año aproximadamente, a pesar de que nos conocíamos desde hacía cinco. Sólo y exclusivamente un año. Nada más.
Camina y olvídame. No pienses en mí. Déjame. Que yo ya tengo mi vida y soy feliz así.
No tienes, desde luego, nada que reprocharme, creo. Siempre estuviste presente. Pero el ser humano es libre de pensamiento. Así, pues, piensa lo que desees o lo que te haga sentir mejor. Yo paso.
El pasado, pasado está. Yo abandono mi pasado. Comienzo de nuevo. Renazco de mis cenizas. Lo que yo sienta, para mí se queda. Tú tranquila, que nunca te lo haré saber. Ni a él tampoco. Porque siento que ya no puedo ser sincera. Ya todo eso se ha perdido.
Miro el mar y sonrío, aunque los recuerdos me ataquen y sienta ganas de llorar. Es mucho lo que he perdido. Pero para mí se queda. Porque al fin y al cabo, creo que tú no sabes NADA, por más que sepas. Nadie, excepto él y yo, sabe nada por más que lo intente. Para nosotros quedará ese bonito recuerdo, que se pierde en el mar que ahora observo.
Sólo, alejáos, sed felices y dejadme a mí, con mis cosas, con mi mundo, con mis sueños, mis ilusiones. Id, sin mirar atrás. Borradme. Sed felices.
Ya dejaré de molestar, de romper las cosas.
De todas formas, espero que no te quejes, porque la "otra" siempre fuí yo. ¿Por qué? Porque eras tú quien disfrutaba más tiempo de él, mientras que yo me podía pasar perfectamente entre 5 y 9 meses sin verlo. Le tuviste siempre más tiempo que yo y, de hecho, ahora le tienes a tu lado. Mírale. No está conmigo. Está contigo. Tú le podías besar cuando te apeteciera y pasear con él de la mano sin más, sin que nadie te mirara y cuchicheara. Yo no.
Así que no, efectivamente, nunca tuvo que elegir. Perdona pues mi error.
Esto que he hecho demuestra que (aunque quizás no lo creas) te respeto. Y, aunque puede que tampoco lo creas, te deseo la mayor felicidad a su lado. Para siempre. A los dos. Siento enormemente el daño causado. Nunca fue mi intención. Pero, párate a pensar un momento que yo he perdido mil veces más de lo que haya podido perder cualquiera de vosotros.
Suerte.
PD: Escribo en este blog lo que me da la gana, y siempre lo haré. Es la única verdadera forma que tengo de expresar lo que pienso, creo, siento. Si alguna vez no te gusta, ya sabes, no leas.
Tomé aire, que inundó mis pulmones. Respiré hondo y miré hacia adelante.
Pues sí. Nunca tuvo que elegir. Siempre fuiste tú. Muy bien, ¿qué quieres que te diga? Me doy por vencida, pero me consuelo pensando que será feliz contigo. Así es como debe ser. Supongo que tú estarás contenta. Es normal. Ahora caminad adelante, juntos, de la mano. Olvidadme.
Aquí estoy ya, alejada de todo. Guiándome una vez más por aquello que debo hacer. Forzándome a aceptar, a asumir, que esto ya (según parece) no tiene solución. Intentando dejar de pensar ya en esto, porque es un despropósito, una pérdida de tiempo. Todo tiene un final y, aunque me duela aceptar que algo tan genial haya durado tan poco, lo asumo con la cabeza alta y una sonrisa. Aunque sea una sonrisa triste. Es una sonrisa, al fin y al cabo.
Él no es un trofeo. Ni tú ni yo tampoco. Así que tranquila, siempre fue mi mejor amigo y nada más. Al menos, nada más que tú puedas llegar a entender por completo, porque cada persona es un mundo y tú nunca entenderás mi forma de sentir. En realidad él fue lo que fue con mayor intensidad el año pasado. Y tranquila también por el aspecto de que llevásemos más tiempo estando así, sólo fue un año aproximadamente, a pesar de que nos conocíamos desde hacía cinco. Sólo y exclusivamente un año. Nada más.
Camina y olvídame. No pienses en mí. Déjame. Que yo ya tengo mi vida y soy feliz así.
No tienes, desde luego, nada que reprocharme, creo. Siempre estuviste presente. Pero el ser humano es libre de pensamiento. Así, pues, piensa lo que desees o lo que te haga sentir mejor. Yo paso.
El pasado, pasado está. Yo abandono mi pasado. Comienzo de nuevo. Renazco de mis cenizas. Lo que yo sienta, para mí se queda. Tú tranquila, que nunca te lo haré saber. Ni a él tampoco. Porque siento que ya no puedo ser sincera. Ya todo eso se ha perdido.
Miro el mar y sonrío, aunque los recuerdos me ataquen y sienta ganas de llorar. Es mucho lo que he perdido. Pero para mí se queda. Porque al fin y al cabo, creo que tú no sabes NADA, por más que sepas. Nadie, excepto él y yo, sabe nada por más que lo intente. Para nosotros quedará ese bonito recuerdo, que se pierde en el mar que ahora observo.
Sólo, alejáos, sed felices y dejadme a mí, con mis cosas, con mi mundo, con mis sueños, mis ilusiones. Id, sin mirar atrás. Borradme. Sed felices.
Ya dejaré de molestar, de romper las cosas.
De todas formas, espero que no te quejes, porque la "otra" siempre fuí yo. ¿Por qué? Porque eras tú quien disfrutaba más tiempo de él, mientras que yo me podía pasar perfectamente entre 5 y 9 meses sin verlo. Le tuviste siempre más tiempo que yo y, de hecho, ahora le tienes a tu lado. Mírale. No está conmigo. Está contigo. Tú le podías besar cuando te apeteciera y pasear con él de la mano sin más, sin que nadie te mirara y cuchicheara. Yo no.
Así que no, efectivamente, nunca tuvo que elegir. Perdona pues mi error.
Esto que he hecho demuestra que (aunque quizás no lo creas) te respeto. Y, aunque puede que tampoco lo creas, te deseo la mayor felicidad a su lado. Para siempre. A los dos. Siento enormemente el daño causado. Nunca fue mi intención. Pero, párate a pensar un momento que yo he perdido mil veces más de lo que haya podido perder cualquiera de vosotros.
Suerte.
PD: Escribo en este blog lo que me da la gana, y siempre lo haré. Es la única verdadera forma que tengo de expresar lo que pienso, creo, siento. Si alguna vez no te gusta, ya sabes, no leas.
miércoles, 25 de agosto de 2010
Sueño, sueño, sueño.
Tengo muchos sueños. Miles de ellos. A montontes. Me rebosan. Todo el mundo los tiene, ¿no?
Me apetece hoy hablar de mis sueños.
Sueño con ver un atardecer en la playa, abrazada a alguien que me quiera intensamente. Que estemos en silencio porque sobren las palabras. Que le mire y me mire y me de un vuelco el corazón.
Sueño con tener mucho dinero, pero no para mí. Considero que el dinero es (perdón por la expresión) una mierda enorme. No sé porqué se inventó, pero no me gusta. Sin embargo, y como decía, me gustaría tener mucho dinero. ¿Para qué si no es para mí? Pues para dar la felicidad o por lo menos las condiciones mínimas de vida a todas aquellas personas que, por desgracia y sin poder elegir, han nacido en lugares donde no se conoce el sentido de algunos conceptos como "higiene personal" o "agua potable". Efectivamente, sería capaz de destinar TODO mi dinero a esas personas y encargarme yo misma de que se empleara en lo que yo he decidido. Que no se malgastara.
Sueño con trabajar codo con codo con personas discapacitadas. Poder ayudarles, animarles, hacerles felices, aportarles algo. Verles sonreír, aunque no entiendan muy bien por qué.
Sueño con trabajar también en una residencia de ancianos, cuidándoles, brindándoles todo el cariño que me sea posible, sintiéndome realmente realizada al verles sonreír inocentemente.
Sueño con poder donar sangre y (al morir) mis órganos para ayudar a otras personas o a la investigación destinada a remediar todo tipo de enfermedades: cáncer, alzheimer... Lo que sea. Pero que sea para algo.
Sueño con tener una familia, con saber educar a mis hijos y darles a entender mi forma de ver la vida. Ser capaz de enseñarles lo que de verdad importa y que sean capaces de ver más allá de sus narices. Transmitirles amor, comprensión, simplemente vida.
Sueño con terminar una carrera (en mi caso, dos) y poder trabajar en algo que realmente me entusiasme, de manera que no me cueste realizar mi trabajo, que me compense, que me haga feliz. Disfrutarlo, amarlo, estar orgullosa de lo que quiera que sea que acabe haciendo.
Sueño con poder ver realmente quién estará ahí para siempre y quién no. Distinguir a los verdaderos amigos de entre tantos que dicen serlo. Pues los amigos de verdad son ángeles que, aún en la distancia, siempre están ahí cuando los necesitas y te tienden una mano desinteresada que te ayuda a salir del pozo en el que te halles y lanzarte de nuevo a lo más alto, juntos. Amigos con los que compartir, con los que disfrutar de mis mejores momentos y a los que relatarles mis problemas. Amigos que me apoyeen y me critiquen sin dudarlo un sólo instante. Amigos de verdad. Para siempre. De esos que te marcan para toda la vida y que te hacen sentir una gran necesidad cuando no los tienes cerca para guiarte.
Sueño con viajar mucho, recorrer mundo, aprender siempre más y más. Ver miles de culturas, compartir con ellas sus costumbres, entenderlas y disfrutarlas. Viajar lejos, muy lejos. A zonas mucho más frías, como extensos desiertos de hielo. A zonas mucho más cálidas, como enormes desiertos de arena dorada y amplias dunas. A lugares históricos que me apasionan, como Egipto o Grecia. Viajar. Descubrir.
Sueño con escribir algún día una novela y que esta sea publicada. Con poder trasnmitir a través de mis letras emociones, sensaciones, sentimientos, impresiones a todo aquel que las lea. Ser capaz de expresar lo que anida en mi interior de manera más objetiva, mezclar realidad autobiográfica y ficción. Hacer soñar a cualquiera que lea mis historias. Escribir muchas, muchas páginas. Conseguir que el lector sea capaz de situarse en la situación de cada personaje, que se sienta como ellos con sólo leer mis líneas. Empatía.
Sueño con escribir muchísimas canciones, con concederles las melodías adecuadas. Con transmitir con mi música lo mismo o más que con mis escritos. Que la gente me escuche, oiga mi voz y sienta cómo se le acelera el corazón. Que disfruten, que gocen, que se sientan felices y otras veces tristes. Que compartan conmigo esa magia que nos une a las personas cuya música escuchamos y nos remueve algo en nuestro interior. Compartir con miles de desconocidos en un concierto un momento único y mágico.
Sueño, sueño, sueño. Siempre. Despierta, dormida. Da igual. Siempre sueño. No pierdo nada por hacerlo, siempre y cuando sepa distinguir mis sueños de la realidad. Imaginar, soñar, es crear tu propio mundo al que poder escapar de vez en cuando siempre que te atosigue la realidad que ves a tu alrededor. Encerrarme en mi mundo es para mí algo necesario muchas veces. Así, puedo descansar de todo, relajarme, dejarme llevar por mis propios sueños y anhelos, conocerme más.
Es algo que considero que todo el mundo debería hacer para sentirse mejor. Creedme, es magnífico.
Me apetece hoy hablar de mis sueños.
Sueño con ver un atardecer en la playa, abrazada a alguien que me quiera intensamente. Que estemos en silencio porque sobren las palabras. Que le mire y me mire y me de un vuelco el corazón.
Sueño con tener mucho dinero, pero no para mí. Considero que el dinero es (perdón por la expresión) una mierda enorme. No sé porqué se inventó, pero no me gusta. Sin embargo, y como decía, me gustaría tener mucho dinero. ¿Para qué si no es para mí? Pues para dar la felicidad o por lo menos las condiciones mínimas de vida a todas aquellas personas que, por desgracia y sin poder elegir, han nacido en lugares donde no se conoce el sentido de algunos conceptos como "higiene personal" o "agua potable". Efectivamente, sería capaz de destinar TODO mi dinero a esas personas y encargarme yo misma de que se empleara en lo que yo he decidido. Que no se malgastara.
Sueño con trabajar codo con codo con personas discapacitadas. Poder ayudarles, animarles, hacerles felices, aportarles algo. Verles sonreír, aunque no entiendan muy bien por qué.
Sueño con trabajar también en una residencia de ancianos, cuidándoles, brindándoles todo el cariño que me sea posible, sintiéndome realmente realizada al verles sonreír inocentemente.
Sueño con poder donar sangre y (al morir) mis órganos para ayudar a otras personas o a la investigación destinada a remediar todo tipo de enfermedades: cáncer, alzheimer... Lo que sea. Pero que sea para algo.
Sueño con tener una familia, con saber educar a mis hijos y darles a entender mi forma de ver la vida. Ser capaz de enseñarles lo que de verdad importa y que sean capaces de ver más allá de sus narices. Transmitirles amor, comprensión, simplemente vida.
Sueño con terminar una carrera (en mi caso, dos) y poder trabajar en algo que realmente me entusiasme, de manera que no me cueste realizar mi trabajo, que me compense, que me haga feliz. Disfrutarlo, amarlo, estar orgullosa de lo que quiera que sea que acabe haciendo.
Sueño con poder ver realmente quién estará ahí para siempre y quién no. Distinguir a los verdaderos amigos de entre tantos que dicen serlo. Pues los amigos de verdad son ángeles que, aún en la distancia, siempre están ahí cuando los necesitas y te tienden una mano desinteresada que te ayuda a salir del pozo en el que te halles y lanzarte de nuevo a lo más alto, juntos. Amigos con los que compartir, con los que disfrutar de mis mejores momentos y a los que relatarles mis problemas. Amigos que me apoyeen y me critiquen sin dudarlo un sólo instante. Amigos de verdad. Para siempre. De esos que te marcan para toda la vida y que te hacen sentir una gran necesidad cuando no los tienes cerca para guiarte.
Sueño con viajar mucho, recorrer mundo, aprender siempre más y más. Ver miles de culturas, compartir con ellas sus costumbres, entenderlas y disfrutarlas. Viajar lejos, muy lejos. A zonas mucho más frías, como extensos desiertos de hielo. A zonas mucho más cálidas, como enormes desiertos de arena dorada y amplias dunas. A lugares históricos que me apasionan, como Egipto o Grecia. Viajar. Descubrir.
Sueño con escribir algún día una novela y que esta sea publicada. Con poder trasnmitir a través de mis letras emociones, sensaciones, sentimientos, impresiones a todo aquel que las lea. Ser capaz de expresar lo que anida en mi interior de manera más objetiva, mezclar realidad autobiográfica y ficción. Hacer soñar a cualquiera que lea mis historias. Escribir muchas, muchas páginas. Conseguir que el lector sea capaz de situarse en la situación de cada personaje, que se sienta como ellos con sólo leer mis líneas. Empatía.
Sueño con escribir muchísimas canciones, con concederles las melodías adecuadas. Con transmitir con mi música lo mismo o más que con mis escritos. Que la gente me escuche, oiga mi voz y sienta cómo se le acelera el corazón. Que disfruten, que gocen, que se sientan felices y otras veces tristes. Que compartan conmigo esa magia que nos une a las personas cuya música escuchamos y nos remueve algo en nuestro interior. Compartir con miles de desconocidos en un concierto un momento único y mágico.
Sueño, sueño, sueño. Siempre. Despierta, dormida. Da igual. Siempre sueño. No pierdo nada por hacerlo, siempre y cuando sepa distinguir mis sueños de la realidad. Imaginar, soñar, es crear tu propio mundo al que poder escapar de vez en cuando siempre que te atosigue la realidad que ves a tu alrededor. Encerrarme en mi mundo es para mí algo necesario muchas veces. Así, puedo descansar de todo, relajarme, dejarme llevar por mis propios sueños y anhelos, conocerme más.
Es algo que considero que todo el mundo debería hacer para sentirse mejor. Creedme, es magnífico.
viernes, 20 de agosto de 2010
- Vuelve... por favor.

Estamos ensayando, como cada jueves de este caluroso verano. Ya casi hemos terminado por hoy, pero aún nos resistimos a irnos. Ponemos, pues, un par de canciones y las cantamos. Estoy cantando mi canción solista. Una canción triste, de soledad, de angustia. Una canción que refleja lo que se siente cuando se pierde a alguien y te atacan los recuerdos. Una canción tan triste como lo que nos ha pasado.
Y entonces apareces tú y siento cómo el corazón me da un vuelco. Viene la parte más difícil de mi canción. Maldigo en silencio. Te miro por el rabillo del ojo y hago esa difícil parte (y también el resto de la canción) perfecta, después de 2 semanas sin lograrlo. Terminé. No sé qué hacer. ¿Me siento a tu lado o lejos de ti? ¿Te saludo como hacíamos siempre o me callo y me escondo entre otra gente? Soy una cobarde, por eso opto por la opción de esconderme.
Otra canción. Hay que bailar y cantar de nuevo. Me levanto de mi asiento y comienzo a trabajar. Cuando termino entiendo que ya es hora de irse, pero me paro un poco a hablar con una compañera. No me di cuenta de que tú ya habías salido. Estoy muy nerviosa, triste, perdida. Pero sobre todo nerviosa.
Salgo fuera. Maldición. Ahí estás tú. Digo adiós rápidamente pero en lugar de una despedida leo un "Espera" en tus labios. No estoy segura. Había soñado tantas veces ese momento que me hago la loca hasta que nuevamente me lo repites. Me detengo y giro sobre mis talones. Imagino la cara de estúpida que debo de estar poniendo. Sería una mezcla entre incrédula, feliz, triste, preocupada... Demasiadas cosas. En estos momentos soy deforme, seguro. Aún así me acerco. Nos quedamos solos. Y deseo con todas mis ganas ser invisible. No soy capaz de mirarte, pero llevo demasiado tiempo sin hacerlo. Dios. Me está matando el sentimiento de añoranza, siento que el corazón se me acelera. Lo obligo a calmarse, respirando hondo. Me pides explicaciones, pero yo no sé exactamente qué decir.
Hubo un malentendido. Creí que habías tenido que elegir entre ella y yo, y que la habías elegido a ella. Estaba mal en aquel momento, aparte de tremendamente celosa, pero no sé cómo contarte lo que sentía entonces. Es muy difícil para mí expresar lo que siento. Sin embargo, lo intento. No lo hago bien. No sé qué decir. Sólo consigo decir "Lo siento". Mi conciencia se ríe sarcásticamente: ¿para qué decir ahora eso? Soy imbécil. Pero es lo único que quiero decirte. Es lo que quiero decirte desde hace más de una semana. Que lo siento, que te quiero, que te juro que no puedo estar sin ti, que ya no soy la misma de antes desde que te perdí, que contigo algo ha muerto en mi interior, que ya no hay magia en mi mundo. Quiero suplicarte que me perdones, que olvides todo lo ocurrido y que me des una oportunidad. Pero no lo hago. Porque una parte en mi interior (esa odiosa parte sensata) me grita que no tengo ningún derecho a hacer eso, que no puedo dejarte así, de un día para otro, y luego volver y pretender que no haya pasado nada. Que todo eso no es justo y que sólo te haré más daño si lo hago. Ese último argumento es el que me termina de convencer. Me callo una vez más. No sé qué decir. Tú tampoco. Mi mente trabaja a toda velocidad. Quiero acercarme más a ti, poder abrazarte. Me dan ganas de llorar pero me trago esas lágrimas porque no sé cómo puedo ser tan ruín y miserable. No merezco ni llorar. Esto me lo he buscado yo. Me descubro odiándome intensamente, comprendo que ya no me quieras. Pero, ¿y si tú también deseas volver a lo de antes? ¿Y si tú estás dispuesto a darme una segunda oportunidad?
- ¿Crees que podríamos volver a estar como antes? -me animo por fin a preguntarte, y es lo más coherente que he dicho hasta ahora.
- No -respondes de manera rotunda-. Yo ya nunca podré estar como antes.
Y es en ese momento cuando mi corazón estalla en mil pedazos provocándome ese característico dolor en el pecho. A toda velocidad hago que se calle, me trago las lágrimas y te miro de nuevo, con una fingida expresión despreocupada. Te digo que no pasa nada, que era sólo por curiosidad. Río nerviosamente. ¿Qué hago? Contigo nunca he fingido nada, nunca he actuado, nunca he mentido ni he escondido mi estado de ánimo. ¿Qué me está pasando? Comprendo que no quiero que nadie me vea mal, por lo que puedan pensar. Me maldigo a mí misma por ser tan absolutamente idiota. Soy lo peor de este mundo.
De nuevo el silencio. No lo soporto. Ansío tirarme hacia ti y, aunque me odies por ello, besarte. No lo hago porque nuevamente gana la razón al corazón. Siempre me pasa igual. Es horrible. Seguimos callados, pero entonces una llama de esperanza ilumina mi corazón. Te propongo dos opciones: seguir así, como dos desconocidos, o volver a ser amigos, aunque no sea como antes. Te pido que te lo pienses y me lo digas. En realidad no quiero que tengas prisa porque quiero que lo pienses bien, pero quiero saberlo cuanto antes. No sé qué más decir. Tu móvil ha sonado ya varias veces y por eso pienso que te estoy robando tu valioso tiempo y que hay más gente que te espera y que merece tu compañía más que este desastroso ser que soy yo.
Y yo... yo ansío huir a cualquier parte donde no me alcance este dolor tan lacerante. Deseo con todas mis fuerzas echar a correr y perderme.
Como una imbécil que soy, te comento que espero que vieses las estrellas fugaces porque fueron magníficas. Cuando me miras y me dices que no has mirado las estrellas fugaces este año, me siento destrozada. ¡¿Qué?! No esperaba esa respuesta. Y menos aún esperaba aquella tristeza, aquella decepción, aquel reflejo de dolor en tu mirada. Mi alma se rompió en dos. Pensaba que me moría allí mismo. Respiré hondo y sonreí como una estúpida. Sigo fingiendo que todo va bien, intento creérmelo. Seré estúpida... Por supuesto que nada va bien. Nada va bien aquí sin ti. Jamás pude imaginar que sentiría esto. Todo esto. Por ti. Es más de lo que se pueda imaginar.
Nos despedimos. En realidad, tengo mil cosas más que decirte, como que prefiero que seamos amigos a que no seamos nada, o que de verdad estoy dispuesta a afrontar las consecuencias que conlleve nuestra relación, o suplicarte una despedida. Una despedida. La necesito tanto. Quiero gritártelo a la cara, que sí, que te quiero. Que me da igual todo lo demás. Y que te necesito muchísimo más de lo que puedes llegar siquiera a imaginar. Pero ya decía antes que soy un ser miserable y cobarde, y me callo. Me alejo de tí, no sé si rápida o lentamente. No soy consciente de nada. Mis amigas me esperan, así que me siento con ellas. Pero inmediatamente siento las lágrimas bañando mis mejillas y les digo que me voy al baño. Salgo corriendo antes de que puedan preguntar nada. Ellas no me entienden del todo. Nadie lo hace o lo hacía, excepto tú. Y tú ya no estás. Encerrada en el baño lloro desconsoladamente. Te he perdido. Es el fin. Es horrible. Quiero morirme. No veo sentido a nada. Sólo a ese puño helado que me aprieta y me pone entre la vida y la muerte. Y mientras yo suplico "Muerte, muerte", mi cuerpo se empeña en gritar "Vida, vida". Así, poco a poco me voy reponiendo. No. No lo consigo. Llevo una semana soñando con este momento, con verte, hablarte. Y lo he desperdiciado de una manera asombrosa. Definitivamente, no te merezco. Soy horrible. Las estrellas. Recuerdo de repente que cuando estuve mirándolas durante aquellos días, mientras lloraba, pensando en ti y en qué estarías haciendo. Recuerdo que a todas les pedí sólo un deseo. A todas el mismo. Una y otra vez. Era incansable. Lo pedía con toda la fuerza de mi corazón, con toda mi esperanza depositada en aquel milagro. Sólo quería una cosa. Verte antes de irme a Puerto Real. Otra vez afloran las lágrimas a mis ojos. Me las seco rápidamente. No sé qué deseo habrás pedido tú a la única estrella que viste. Pero espero que se cumpla y que sepas aprovecharlo. Porque yo me ha pasado todo el verano pidiendo lo mismo y soñando una y otra vez con ello y a la hora de la verdad, cuando por fin se ha cumplido, lo he dejado escapar como agua entre mis manos.
Vuelvo a donde están mis amigas. Lógicamente me preguntan. Simplemente digo que estoy bien y intento fingir una vez más que todo va bien y que estoy feliz y normal. Pero no es así. Estoy destrozada por dentro. Estoy esperando una respuesta. Te necesito. Te echo intensamente de menos. Quiero estar contigo. Esa despedida... Por favor.
Por favor, vuelve. Te necesito en mi vida. Vuelve y dame una segunda oportunidad. Vuelve... Porque no quiero vivir sin ti. Porque he comprobado que es imposible. Te lo suplico, con mi egoísmo, con mi idiotez, con mi alma hecha añicos, con todo mi ser... Vuelve... por favor. Que sonreír no es lo mismo si no es contigo. Que las cosas bellas no son bellas si tú no estás conmigo. Vuelve... por favor.
PD: No sé expresar lo que siento hablando. Sólo escribiéndolo o con algún gesto. Lo siento, te lo repito. No quiero dejarte escapar. Déjame reconstruir lo que yo misma he destruido. Sin ti no quiero ni puedo. Por favor.
miércoles, 18 de agosto de 2010
La lluvia.

Me muero por hacer que el tiempo corra más deprisa y volverte a ver...
¡Ay! (Suspiro) Qué olor tan maravilloso el de la lluvia... ¡Cómo la echaba de menos! Desde ayer no me separo apenas de mi ventana para no dejar de disfrutar de ese frescor, de esa vitalidad, de esa melancolía y esa nostalgia que me provoca la lluvia. Da igual que sea lluvia de verano. Da igual que no haya tantos motivos para sentirse así de nostálgica o melancólica. Da igual. Disfruto de ella con cada respiración profunda que introduce ese dulce y a la vez amargo sabor de las gotitas de agua que caen del cielo de vez en cuando. Vuelvo a suspirar.
Y de repente recuerdo las tardes de lluvia junto al balcón de mi otra habitación, hace ya casi 10 años. Cómo pasa el tiempo. Recuerdo como leía algún libro de Harry Potter con Álex Ubago de fondo, acariciando con su voz mis oídos y mi alma. La fusión entre Álex y Harry era, por aquel entonces, mi prototipo de chico ideal. Tan dulce, tan valiente, tan romántico, tan aventurero. Era alguien perfecto, pero nunca llegó a tomar forma. Lástima, porque hubiese merecido la pena conocer a esa persona aunque sólo fuera en los desatados mundos que crea mi desbordada imaginación. De vez en cuando echaba un vistazo a través de la ventana, bajaba el volumen de la música y, poniendo un dedo entre las páginas del libro que estaba leyendo, cerraba los ojos y dejaba que el sonido de la lluvia se mezclase con la magia de las melodías de Álex y el magnífico mundo de Harry. Era genial. Era perfecto. Esos momentos están guardados en mi memoria como un tesoro magnífico, inigualable e irrepetible. Creo que ahí fue cuando comenzó mi pasión hacia los días de lluvia: cuando comencé a descubrir cómo disfrutar de ella en todo su esplendor. A menudo imaginaba historias que escribir, que ocurrían o comenzaban en un día de lluvia, frío, gris y algo triste. Pero nunca llegué a plasmarlas sobre un papel. No sé explicar por qué.
Otros días, me dejaba caer sobre la cama y ponía entonces música de Alejandro Sanz. De nuevo la misma sensación. Un aura de romanticismo, de magia, de nostalgia... Otra vez esa sensación de melancolía inexplicable. En aquellos momentos (no muy lejanos de los anteriormente relatados) los dedicaba a recordar, a almacenar recuerdos y ordenarlos de manera que jamás los olvidara. Así nunca olvidaré aquel día en el que conocí al que sería mi amor platónico para siempre. Recuerdo perfectamente cómo escuchaba en aquellos días la música de Alejandro inundando mis sentidos, evocando cada rasgo de su rostro, rememorando su voz, su forma de andar, su acento, su sonrisa. Me dejaba llevar por la imaginación y soñaba con hablarle algún día, con que él simplemente me mirara o con la posibilidad de que iniciáramos juntos la más bonita historia de amor jamás contada. Me preguntaba qué pensaría él sobre el amor, si sería romántico o más bien escéptico, si le gustaría la misma música que a mí, si nos parecíamos o éramos completamente distintos... Podía pasar horas dándole vueltas a la cabeza sin dejar de pensar en él, mirando por el cristal sobre el que se deslizaban las gotas de lluvia y escuchando a mi amado Alejandro.
La lluvia. ¡Ay, la lluvia! Qué hermoso fenómeno. Es a la vez relajante o frustrante. Es amiga y enemiga. Es destructora y romántica. Es para mí, pura inspiración. Es algo etéreo, fugaz o persistente. Mágica. Es puro sueño. Es el inicio y el final de miles de historias de todo tipo. Es soledad y a la vez fiel amiga y compañera de esos momentos tristes.
¿Qué son nuestras lágrimas sino gotas de lluvia que se deslizan desde las nubes que enturbian nuestra mente y nuestra alma? Porque los ojos dicen que son el espejo del alma. Por eso, cuando nuestra alma está mal, la máxima demostración del dolor es a través de los ojos, llorando. Nuestros ojos son dos pozos llenos de toda nuestra esencia. Mirar a alguien a los ojos es un grado de confianza que no siempre se respeta como se debería. Personalmente, no soporto mirar a los ojos a nadie durante más de 10 segundos o incluso menos. ¿Por qué?, os preguntaréis. Porque es algo así como ceder la entrada a mi alma, a mi esencia, a mi ser. Y es algo que no quiero permitir a nadie. No por nada, sino porque es algo muy personal, muy mío. Y quiero que siga así. Prefiero tener mis secretos y mis sentimientos cerrados bajo llave tras mi mirada.
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